Cómo alimentar bien la piel

Por Sabine Meuter (dpa)

Las cremas no garantizan un cutis perfecto. Los hábitos cotidianos también tienen un gran impacto en nuestra piel, ya sea por el modo en el que nos alimentamos o la cantidad de horas que dormimos. Por supuesto, también hay factores genéticos que pueden ser determinantes, pero la exposición al sol, la ingesta de alcohol y el consumo de tabaco, las proteínas, las vitaminas y los minerales no son un tema menor a la hora de velar por el cutis.

Quienes tienen una alimentación poco balanceada, corren el riesgo de que la piel se resienta.

Si alguien está expuesto a diario a factores perjudiciales, el organismo genera radicales libres. Parte de esos radicales pueden ser “detenidos” por el cuerpo, que evita el daño en las células. Pero si la cantidad es excesiva, los daños pueden quedar a la vista.

Para evitarlo es fundamental consumir antioxidantes. Son sustancias naturales que permiten que el cuerpo “se defienda” evitando que los radicales libres impacten en las células. Entre los principales antioxidantes están las vitaminas C y E, el beta-caroteno y los oligoelementos como el selenio y el zink.

No hay especialista que no destaque la importancia de las vitaminas y los minerales para tener una piel sana. La vitamna A, por ejemplo, es necesaria para la renovación del cutis a nivel celular. Está presente en la leche, las zanahorias y el pescado.

La vitamina C también es fundamental para la regulación de la humedad en la piel, mientras que la vitamina E y las B son un factor decisivo para la renovación de la piel. Están presentes, entre otras cosas, en los productos elaborados a base de cereales, en las verduras y en productos lácteos.

El organismo requiere además de calcio, zink y magnesio para apuntalar la piel. Son oligoelementos contenidos en la verdura y en los cereales, aunque también se los consume a través de la carne y de los productos lácteos.

Beber suficiente agua también es clave para que el cutis pueda irradiar salud. El líquido es fundamental para la turgencia de la piel. Se recomienda que las personas adultas beban entre 1,5 y 2 litros de agua por día.

Y no hay que olvidar las proteínas y los elementos grasos. Las proteínas aportan aminoácidos que le dan firmeza a la tez. Las mejores fuentes proteicas son la leche, los productos lácteos y las legumbres como las lentejas y los porotos, pero también el pescado, las carnes magras y las almendras tienen un alto contenido proteico.

Las grasas no saturadas pueden ingerirse a su vez a través de los aceites vegetales o los pescados de mar. Son muy bienvenidas por la piel, que de ese modo podrá aprovechar las vitaminas liposolubles.

Se recomienda consumir en particular aceite de colza, de nuez o arenque, caballa y salmón.

Está comprobado que la alimentación balanceada es un aporte fundamental para tener un cutis sano. Las grandes ingestas de hamburguesas, patatas fritas y grasas de embutidos llevan sin lugar a dudas a una piel llena de impurezas. No es cuestión de renunciar a todo, sino de “salirse del cauce” en la medida justa.

(Con información de dpa).

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